#16 Cartas que nunca envié - II
Arde Troya y tú sonríes: ni una pista a los enemigos.
Viento de proa, mirada al frente,
amarre marinero y daga entre los dientes.
La noche indómita, sin luna, vacía;
el último sol se desangró en poniente
y la estrella polar en huelga de guía.
Sin rumbo, pero con destino;
sin fuerzas, pero con camino.
Los zapatos sucios, el corazón aguanta,
el honor intacto, la fe cansada,
a jirones la camisa, despedazada el alma,
las manos curtidas y el ojo en vigilia.
A veces vuelven batallas viejas. Soledad.
Otras que apenas comienzan. Zozobra.
Se enredan en tu paso firme, cruzando el fuego.
Los dioses observan y se consumen las sombras.
Arde Troya y tú sonríes.
Ni una pista a los enemigos.


